Voy andando...
Voy andando por una calle céntrica de adoquines grises, y pienso que si no tuviera las manos en los bolsillos las tendría frías. Un niño que juega en un parque situado a la derecha de mi camino, derrapa con sus deportivas nuevas en la tierra bajo la mirada de otros niños que se convencen del poder sobrenatural de las deportivas de su compañero de juegos. Por un momento vuelvo a mis 8 años, y me veo haciendo lo mismo que él en las cuestas del Valle de la Serena, pasando el Cancho Vilano, con mis primos y algunos amigos de verano, de esos que a pesar de ser pasajeros en el tiempo, no se olvidan. Recuerdo con simpatía el placer que me producía rascarme la línea que marcaban en mi piel las gomas de los calcetines. En un instante vuelvo a la realidad de mi momento en el tiempo, y regreso hacia delante a mis 25 años. Sigo andando con las manos en los bolsillos, y pienso en las posibles vidas de las personas que se cruzan en mi camino. "Ese hombre tiene cara de haber sufrido hace poco por la pérdida de un ser querido, y pasea sólo clavando su mirada nostálgica en la boca de metro de Antón Martín. Seguramente haya perdido a su mejor amigo, al que esperaba todas las tardes en ese mismo lugar para tomarse unas cañas por la zona, entre risas." Una mujer pasea a su perro delante de mí, y yo silbo bajito para que el sonido no sea percibido por la dueña y sí por el increíble sentido del oído del Bretón. En ese preciso momento, pienso que si no tuviera las manos en los bolsillos, podría acariciarle...



