Un día...
Imaginaros una puesta de sol, vale?... en la parte superior de vuestra visión se medio esconde un sol naranja con destellos amarillos. Se encuentra en el medio aritmético del horizonte, y ni siquiera provoca dolor ni estrechamiento excesivo de las pupilas al mirarlo. A la derecha descansa tranquila una pequeña barca de madera que parece seguir con el movimiento de las suaves olas la canción que tienes en la mente y que no te da tregua. En la parte inferior de tu visión, una orilla mojada, por lo que intuyes estar en una playa. "Buena observación" - te dices entre risas- "Quién será el dueño de esa barca?" - preguntas a continuación-. A la izquierda observas detenidamente una pequeña plataforma de madera desde donde cuelga una cuerda gruesa y grisácea. Como si de un juego de niños se tratase, sigues con la mirada el recorrido de la cuerda hasta que caes en la cuenta que llega hasta el otro extremo sujetando la barca. Introduces tus pies descalzos en la arena mojada como queriendo tocar con ellos el centro de la tierra, pero están tan helados que no tienes más remedio que sacarlos. "Qué frio deben pasar los seres que habitan la entretierra..." -piensas- . Como sonido de fondo oyes el fino oleaje golpeando la plataforma, el crujir de las tablas que forman la pequeña barca, incluso puedes oir el silencio por momentos... Te tumbas en la arena con los brazos abiertos y acaricias la tierra, giras sobre ti misma y terminas bocabajo golpeando la orilla con los dedos de los pies. Al poco rato te quedas dormida... y nadie te despierta durante toda la eternidad...

