Creeis en la imaginación?...
Tengo un primo que es cuatro meses más mayor que yo, y otro cuatro años más pequeño. Casi todos los veranos nos íbamos en Julio al pueblo con mi abuela. La casa de allí es enorme, de grandes puertas con dos hojas y cerraduras antiguas, de altos techos y suelo de marmol antiquísimo... pero perefcto. En una de sus cinco habitaciones dormíamos mi primo pequeño y yo. Mi otro primo dormía en otra habitación, sólo, porque él así lo quería. Por edad quizá debería hacer más migas con él, pero yo siempre fui una niña... y él siempre un adulto temprano.
Cuando nos íbamos a dormir, cerrábamos las puertas para que no entrara luz por la mañana en la habitación, pero aún así cuando llegaban las siete de la mañana, un finito pero potente rayito de luz procedente de la ventana de la entrada se dejaba ver rodeando los bordes de las dos puertas. Mi abuela tenía un "cazamosquitos" de luz violeta, el cual dejaba al final del pasillo (larguísimo pasillo) todas las noches encendido. Recuerdo el sonido del chasquido de los mosquitos que se achicharraban en él y que retumbaba en mitad de la noche... Yo lo pasaba mal, sufría por ellos, y más de una vez me levanté a apagar el aparato.
A mi primo pequeño le solía contar historias por las noches, historias de magos, duendes, fantasmas, unicornios... y a él le encantaban, aunque se moría de puro miedo. Yo tenía 11 años y él 7 cuando esta historia tan guay sucedió. En una de mis muchas ideas de bombero, se me ocurrió decirle a mi primo que la casa del pueblo era una nave espacial y que cuando estábamos dormidos despegaba hacia un planeta lejano. Aún recuerdo los ojos de plato de mi primo. Me dijo que era mentira, que eso no podía ser, y yo le dije que sí... que en esa misma noche se lo iba a demostrar. Se puso nervioso, se impacientó... y estuvo toda la tarde preguntándome cosas sobre el planeta extraño al que íbamos a volar.
Llegó la noche. Le dije que para que la nave despegara, teníamos que estar completamente dormidos... pero que yo le despertaría en cuanto notase arrancar los motores. Se frotó las manos, y me siguió mirando con ojos de plato. Esperé a que se durmiera (debo ser la única en la familia con el sueño ligero) y salí de allí... Cogí el "cazamosquitos" y lo puse a los pies de la puerta de nuestra habitación... y con cuidado volví a entrar y cerré las puertas... Era flipante... un rayo de luz violeta, como salido del más allá, rodeaba las dos puertas... Me entró la risa nerviosa por lo bien que me había salido la idea... Me metí en la cama, y desde allí le llamé: "Nanooo, Nanooo!"... Tuve que intentarlo un par de veces, porque su sueño era como de piedra. Cuando se despertó me dijo: "Qué pasa?... ya???" y le dije: "Mira hacia la puerta, estamos volando!... ves la luz esa??? es niebla de otro planeta, pero no nos podemos salir de la cama, porque si nos salimos de la cama la nave aterriza. Estamos un ratito despiertos y enseguida nos volvemos a dormir para llegar justo cuando la abuela se levante, vale?"... y nunca jamás podré olvidar su cara de ilusión...
Al día siguiente se lo contó a mi abuela y no se lo creyó. Pero yo estaba ahí para asegurarle que mi primo pequeño tenía toda la razón del mundo.