Mercado
El mercado de mi barrio cierra. Realmente me ha entristecido la noticia. Se que es una tontería, que es normal que las cosas se renueven, que la gente quiera y pida más... pero ese es el mercado que me ha visto crecer, donde he jugado en sus galerías, donde me colaba con María y Marta en los sótanos para ver las cámaras frigoríficas, donde iba a comprar con mis padres agarrada al carro de la compra, donde iba con mis abuelos a elegir la comida del día, donde cuando estaba cansada de correr por el barrio y tenía sed, iba a Esteban el pollero, y le pedía un vaso de agua.... y él me daba el vaso de agua y caramelos. Tengo infinidad de recuerdos del mercado, el fresquito que hacía en él en verano... Antonio y los bocadillos, Romu y sus piropos, Merche y las cintas vhs, Justo, Vicente y las partidas de tute... ay!... y los regalices negros tan duros que vendía la mujer de Sarrota en su herbolario, el suelo de marmol negro, las paredes de ladrillo gris, las escaleras mecánicas que pusieron en los noventa y que no recuerdo haberlas visto funcionar, el zapatero de abajo lleno de suelas de zapatos hasta la cabeza...
No quiero que lo cierren... No quiero un supermercado donde nadie se conozca y pasen los artículos a golpe de código de barras... Quiero seguir en mi mercado, donde te saludan por tu nombre y te dan la compra mirándote a los ojos...
Es una pena...



