Martes...
Estoy agotada. Tener acelerados los latidos un día entero es como vivir por dos días, y hoy es el segundo... Me duele la cabeza, me canso a los pocos pasos y me he venido a trabajar sin que nadie me diera los buenos días... He de decir que yo tampoco los he dado. Parece ser que mimar los detalles ya no se lleva y que la vuelta atrás queda tan lejos que ni se ve...
Me preguntan qué me pasa y yo no digo nada. De vez en cuando se me escapa una lágrima, pero sólo se queda en eso... en una. Hay días que paso ranqueando, días en los que las palabras que oigo dentro de mí me torturan y hechos que padezco sin que sucedan... que apuesto el mundo a que nadie imaginaría. Lo peor de todo es que poco a poco me estoy haciendo inmune, perdiendo sensibilidad, dejando atrás mis poderes de duende... Nadie sabe nada de mí nada más que aquellos que los saben porque no queda más remedio, y el miedo que tengo es a considerar todo ésto como algo normal. Mi mente echa a perder la realidad, mi kaos interno satura a quienes viven conmigo y se sienten impotentes porque ven que no puedo ser normal. Se que mucha gente ve en mis ojos algo de misterio, algo raro... y muchas veces se equivocan, pero otras no... También es cierto que me encuentro en medio de distintas guerras sin yo quererlo... pero parece ser que eso no importa.
Ayer algo cambió en mí... Creo que he pegado un estirón y que me lo notaréis... Crezco así, a base de caídas.
Todo coincide... Hoy me hubiera gustado distraerme con las voces de mis compañeros, con las risas que nos echamos por cualquier tontería, por la manera que tiene Pedro de llamarme: "Biberón" y por los mimos de Jesús y sus pequeñas sorpresas en mi mesa por las mañanas... pero esto está vacío.
Besos de hielo

