Manos de hielo
Otoño del 2003. Iba caminando un día por la calle con las manos en los bolsillos (como siempre), con tanta poca fé en la magia y en los mundos que crecen en mi mente, que creí que de un momento a otro los duendes iban a apuñalarme por la espalda. Las calles estaban abarrotadas de gente, pero para mí todo estaba vacío... podría decir incluso que el oxígeno no era oxígeno, más bien parecía respirar un suicidio. Acababa de salir del hospital de visitar a mi tío Fran, enfermo de leucemia en fase terminal.
Un par de horas antes, cuando entré en su habitación, noté que la persiana estaba más baja de lo normal y sentí que se me aceleraba el pulso. Al igual que siempre, di dos besos a mi tía, que como todos los días estaba allí con la mirada perdida en alguna de las baldosas del suelo y sentada en esa silla que fue su casa durante cuatro meses. Me acerqué hasta la cama y me quedé mirando a mi tío hasta que las lágrimas me empezaron a caer por las mejillas. "Hoy tiene mucha fiebre" -dijo mi tía-... "Tío... " -susurré sin éxito-. (Desde que era pequeña he tenido las manos frías, tanto en invierno como en verano... y siempre he pensado que era algo más negativo que positivo hasta que mi tío me hizo ver lo contrario. Hoy doy gracias a Dios por haberme dado estas manos de hielo). Después de ese intento fallido por ver abrir los ojos a mi tío, me apoyé en el borde de su cama y acaricié su mano izquierda. A los pocos segundos y bajo mi mirada nublada por las lágrimas, abrió los ojos como pudo, y de su débil voz salió un: "qué fresquita está". Sonreí emocionada, y pasé de acariciarle con mi mano a poner ésta sobre su frente. Estaba ardiendo, como si saliera fuego de su frente... y noté su alivio, noté su cara de liberación... y ese momento no podré olvidarlo mientras viva. "No la quites" -volvió a susurrar como pudo-. "No la quitaré, shhh...descansa" -le dije con una media sonrisa y haciéndome la dura-... y se durmió de nuevo, respiraba fuerte... y yo rompí a llorar buscando los brazos de mi tía. Esa fué la última imagen que tengo de mi tío, no me dió tiempo a aliviarle más... Llegué tarde al día siguiente... pero todo valió la pena pensando en el día anterior...
"Tuve manos torpes, de hielo, llenas de temblor... Tuve manos que nunca valoré, hasta que esa tarde te sirvieron de alivio ante el calor..
Espero que en el lugar donde habitas ahora no haya lugar para la fiebre. Muchos besos, tío...
Rocío



