La panadería
La panadería era el tercer local de unas pequeñas galerías comerciales de barrio, donde se vendía (aparte de pan) leche, huevos, legumbres, bollería, gominolas, peonzas y chinitos de pulsera. La puerta de entrada pesaba tanto que yo no podía abrirla sin ayuda. A la izquierda estaba el mostrador, lleno de esos finísimos papeles marrones con los que se envuelve el pan y por los cuales yo tenía verdadera debilidad. Nunca he entendido el por qué de mi gusto desmesurado por esas endebles planchas de celulosa. Siempre cogía unas cuantas y envolvía mis cositas como si fueran tesoros. A la derecha, unas estanterías de metal que a mí me parecían interminables, me miraban todas las tardes con gesto provocador. Me recordaban tanto a Mazinguer Z que a veces se me podía encontrar luchando contra ellas con una escoba que se escondía en la trastienda. Hablemos de la trastienda. Era mi escondite secreto... Cuando alguien venía a la tienda, yo me escondía allí para que nadie me viera, porque seguramente la persona que entraba venía a por mí, a por la princesita, para casarla con un príncipe malo. Yo tenía que escapar de las garras de las brujas malas... También había una balanza antigua, que por lo que yo podía intuir, pesaba muchísimo. Un día trasteando con la fuerza del toro que me caracterizaba de pequeña, conseguí moverla de su sitio con tal mala suerte que cayó sobre mi cabeza. No lloré, no me dolió... y me resultó gracioso. La trastienda tenía una puerta que llevaba al sótano. Wow!... el sótano!... el lugar prohibido que dejó de ser prohibido el primer día que me dijeron que estaba prohibido bajar ahí. No hay nada más peligroso que prohibir algo a un niño, porque tarde o teprano lo acabará haciendo... Allí hacía frío, y podía ver desde las escaleras (peligrosas escaleras) una mesa con unas sillas, una vieja tele y un coche de carreras con pedales que era de una niña a la que yo conocía tan bien... La señora de la panadería era una mujer tan buena, que me dejaba ponerme morada a chucherías y pasteles. Me sentaba en una banqueta al lado del mostrador, y me daba las monedas para que yo se las diera a las mujeres que iban a comprar algo allí... Me sentía tan mayor... En una ocasión, la señora de la tienda salió del mostrador para colocar paquetes de garbanzos en las manos de Mazinguer Z... y yo mientras tanto, sentada al lado de la caja registradora, divisé las chucherías más apetitosas del mundo... Eran pies de gominola, y comí tantos sin que me vieran que al final me pillaron. Todas las tardes merendaba en la panadería, y a eso de las 7, llegaba el señor panadero. Yo le adoraba... Me cogía en brazos y me daba tantos besos que me quedaría siempre en ese recuerdo. Salíamos de la panadería él y yo, a jugar a la pelota en el pasillo de las galerías. Por allí pasaba la Señora Fuensanta, con el achuchón desde arriba (era enorme!) que siempre me daba al verme. También pasaba Don Antonio, el frutero, siempre canturreando y sonriendo... y haciéndome de rabiar quitándome la pelota cuando le venía en gana. A veces venía Violeta a visitarme, la hija de Don Antonio, que era dos años mayor que yo y con la que me gustaba jugar siempre y cuando no me llamase "tonta". Era muy propensa a llamarme "tonta"... y yo a ella la llamaba "tonta tú". Cuando llegaban las 8 y media, el señor de la panadería me ayudaba a abrir la pesada puerta de nuevo, para dar un beso a la señora panadera. Al poco rato llegaban mis padres, y tirando besos al señor panadero desde la calle, doblábamos la esquina y daba por terminada una tarde más en la panadería de esas dos personas que tengo la suerte de tener como abuelos... a pesar de las dificultades. Mis mejores y antiguos recuerdos están allí, entre el olor del pan, la trastienda, el sótano, la balanza, el coche de carreras a pedales de mi prima, Mazinguer Z y toda la gente que formaba parte de mis tardes... Qué tiempos más bonitos, cuando yo no podía abrir sin ayuda las puertas... cuando veía lejano cumplir 5 años... cuando no entendía de tiempos, ni problemas, ni de nada...
No debí crecer nunca, no debí hacerme mayor...

