De quién...?
Era una habitación de color verde clarito, y no había ningún cuadro en la pared, sólo una ventana dividida en pequeños rombos blancos y negros a través de los cuales pasaban unos cuantos rayos de luz, pero ni tu ni yo nos paramos a mirar de dónde venían. Sobre la cama un sobre con un sello de cera roja, y sobre él, con letras negras escritas a pluma, una nota que decía: "Tú y Tú". Abriste el sobre, y me enseñaste un trocito de cartulina roja en el que ponía: "Éste es vuestro momento". Sonreímos a la vez, y yo pensé: "De quién será este regalo?". EL sobre y lo demás, pasó a un segundo plano sobre una mesa de madera clara, rodeada por velas anaranjadas que bailaban a un ritmo similar, como si espíritus silbaran la misma melodía sobre ellas. Me acerqué a la ventana, pero no me dio tiempo a observarla detenidamente. Noté tus manos en mi cintura, y tu cabeza resposaba sobre mi hombro, haciendo que nuestras miradas fueran paralelas, fijando la vista en un punto desonocido...
"Dime que no te vas a ir nunca de aquí"...te dije con la voz temblorosa. "Dime que nunca tendrás dudas sobre eso"... me respondiste tú. En un despiste emocional, me confesaste tu temor acerca del lugar donde nos encontrábamos: "Quién nos ha traído hasta aquí?... Tú te acuerdas?"...preguntaste. El gesto de mi cara era una mezcla entre desconcierto, bienestar, intriga y tranquilidad... "No se, pero me da igual. Para bien o para mal estoy contigo. No puedo estar más tranquila"... y te di un dulce beso en la mejilla, esperando que giraras la cara, y así lo hiciste. Tus labios se acercaron a los míos, y ya, frente a frente, volamos sin despegar los pies del suelo. Me acercaste delicadamente hasta la cama, y caímos sobre ella de la forma más lenta posible, no dejando ni un hueco vacío en el tiempo... Noté la aceleración de tus latidos, o quizás eran los míos, o la mezcla de los dos... Las llamas de las velas seguían bailando, pero esta vez a un ritmo más desenfrenado. "Se habrán vuelto locos los espíritus?"... pensé. La noche pasó sin dejar el sueño en nuestro cuerpo... y amaneció porque tuvo que amanecer, no porque nos tuviéramos que despertar...



